LOGOS Y REMA

Casi todos los cristianos sabemos lo que se siente no querer hacer nada más que leer y estudiar y aprender y saber y amar a Dios.  Es una sensación emocionante, casi inexplicable, que todos hemos experimentado alguna vez. Lo más interesante es que cuanto más se lee, más se investiga, más se “aprende”, se hace más evidente que Dios tiene “maravillas insondables” y que cada cosa nueva que aprendo me abre un nuevo universo no imaginado, que nadie nunca siquiera soñó. Y ese padre de amor se está deleitando al revelármelas, su corazón se llena de alegría al vernos aprendiendo de Él y de su grandeza.

De alguna manera eso es lo que dijo Pablo, “quiero conocer a Cristo en el poder de su resurrección” . Ver al caído de esa manera es fe, el mismo Moisés caminó como “viendo al invisible”, los héroes de la fe siempre ven las cosas de una forma casi irreal y aquella visión se hace realidad, más allá de la vergüenza, el dolor, el desánimo, ¡siempre mirando al invisible! Es lo que dice la Biblia, “lo que se ve fue hecho de lo que no se ve”.

Con respecto a ese amor por la palabra y la fe, hay una diferencia en las voces griegas “logos” y “rema”: logos es traducido como palabra, toda la Biblia es logos, uno puede leer la Biblia por disciplina, por costumbre y todo eso es bueno, la verdad es que algunas veces lees y “no aprendes nada”, eso es logos, son palabras. Pero algunas veces Dios transforma ese LOGOS y lo convierte en REMA: rema es una palabra de Dios para MÍ. Es logos hecho revelación, poder, MÍO, ¡es para mí!, yo lo veo, lo creo, lo SÉ, no tengo dudas, ¡es mío! y me parece increíble que no todos lo vean así de claro como yo veo. Por ejemplo, el salmo 119 habla sobre el amor por la palabra de Dios y “todos” lo leemos y es logos para todos pero si en estos días usted lo lee y ha estado experimentando esa pasión por conocer más la palabra, eso no es logos, es REMA, usted está en otra dimensión más profunda con respecto a la palabra de Dios. El Logos se puede transformar en Rema con cualquier texto. A mí me pasó con el pasaje de Jesús y Barrabás, un día leyendo eso fue como si un camión me golpeara, cuando “entendí” que Ahmed es Barrabás y que cuando le dejaron ir libre a pesar de ser culpable, yo también salí de ahí como un hombre libre. Miles pueden “entender” ese texto pero cuando yo lo leo no lo entiendo, lo vivo una y otra vez y casi le puedo decir que veo a Cristo mirándome y dejándome ir con un gesto de aprobación y de amor. Fantástico, ¿verdad?

Daniel 12:2 dice que los que enseñan a la multitud brillaran como las estrellas a perpetua eternidad, enseñar a otros sobre Dios -cuán jactancioso suena eso- es una de las experiencias más tremendas y bellas que hay. Sin embargo, en el proceso de aprender y de enseñar, cuando se comparte con otros lo que Dios ha hecho en nuestra vida es muy común que surjan sentimientos opuestos, contradictorios. Casi cada vez que escojo un tema para compartirlo el enemigo me hace pensar que yo no tengo la capacidad, la autoridad moral y menos espiritual y me siento todo lo opuesto de lo que deseo lograr en la audiencia. Pero nuestra competencia viene de DIOS, y así sí se puede, sin importar cómo me siento puedo ir más allá de mis emociones y hacer cosas que nunca soñé ni imaginé.

Si comprendemos esto, no nos alcanzará la vida para hacer lo que Dios nos pide, por amor a Él. Dios mismo nos da el querer como el hacer por su buena voluntad, ¡eso significa que Dios mismo le va a abrir las puertas necesarias para que usted cumpla su deseo ardiente de hacer cosas poderosas! Entonces, es necesario no perder el deseo de estar enamorados del Señor. Hay miles de personas que lo pierden y ni siquiera se dan cuenta. Es lo más triste que le puede pasar a un cristiano, perder el fuego, el amor loco por nuestro Dios. ¡Hay que clamar para que no se pierda! Hay que sembrar tiempo, sacrificar cosas, mantenerlo, cuidarlo con pasión.

Autor:
Ahmed Jiménez L.
Pastor de “El Horno”

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