EL ALFARERO
por Ahmed Jiménez
Tengo una frase grabada en mi mente y en mi alma, a cada instante me resuena y no me deja en paz, dice así “creador de caminos, hacedor de mi vida “. Cada vez que me resuena esto viene un “atachment” que me dirige a Jeremías 18 ¡y se me llena el pecho de emoción! Cuando aquí digo vida no me refiero al nacimiento natural sino al proceso en que Dios nos ha puesto.
Ese texto de Jeremías es uno (si no el que más) de los que más amo en la Escritura, cuando lo leo se me viene un caudal de sentimientos que ahoga toda palabra y me deja mudo, temblando, y puedo ver las manos del alfarero, amorosas, llenas de barro (una misma esencia), dando forma a esta masa inerte, inútil, y casi puedo ver la cara del alfarero que mira sin sorpresa al visitante y le esgrime una sonrisa.
Casi me veo sentado junto al alfarero, viendo como la masa se alarga y da vueltas sin parar y veo las manos del alfarero llenas de la misma materia que está amasando, manos que parecen ahogar, apretar, pero que están abrazando, protegiendo, cuidando, poniendo agua para mantener útil la masa. Casi me veo sentado mirando cara a cara al alfarero y pensando para mí: cuándo irá a estar terminada la obra. Y veo el alfarero mirarme y sonreír como sabiendo lo que pienso. Cada vuelta de la masa tiene mi nombre escrito, cada gota de agua que el alfarero pone está ahí para suavizar mi dureza y poder darme forma, cada golpe que recibe la masa tiene mis lágrimas tatuadas, cada vez que el alfarero me da forma, sus manos no solo me forman, también me acarician, él y yo no somos solamente él y yo, mas ahora somos Él solamente. Me mira y me acaricia con sus manos llenitas de mí…
Ser formados en el torno del alfarero duele. Pero en la vida cristiana no es importante preocuparnos por el resultado, pues ya está garantizado, ¡TENEMOS LA IMAGEN DEL CELESTIAL!, Cristo Jesús-Dios mismo. Oro a Dios para que esto sea hecho REMA en nuestras vidas, palabra de Dios revelada y no simple LOGOS, no simple conocimiento.
Al pensar en el milagro que hizo Cristo en mí, siento un torrente de palabras que me inundan, palabras que son mucho más altas que yo, palabras que le pertenecen a Dios quien vive en mí. Todo lo bueno que ustedes hoy ven en mí le pertenece a Dios, todo lo bueno que aun no pueden ver, es por mi dureza que aun no lo pueden ver. Pero oro para que vengan días, y que vengan pronto cuando mi carne haya menguado lo suficiente para que Dios pueda hacer cosas tan grandes y tan poderosas que cuando la gente las vea tenga que reconocer que fue la mano de Dios quien hizo eso, porque NINGUN hombre lo hubiera hecho. Oro para que la Gloria de Dios en mí un día sea mayor que la vergüenza que una vez le causé al cuerpo de Cristo. Que las bendiciones de hoy sean solo la sombra de lo que está por venir.
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